Quincy Pondexter llegó a los Chicago Bulls traspasado por los New Orleans Pelicans. Fuente: Stephen Lew (Icon Sportswire).

Era el 25 de abril de 2015. Cuarto partido de la primera ronda de PlayOffs en la Conferencia Oeste, en el que los New Orleans Pelicans recibieron a unos Golden State Warriors que ganarían ese partido por 98 a 109 para barrerles en la serie y alzarse semanas más tarde con el título de campeones de la NBA. A falta de 9 minutos y 20 segundos para acabar el partido, el balón estaba en las manos de un Quincy Pondexter que tenía que lanzar porque se agotaba la posesión. Así lo hizo, pero Draymond Green consiguió taponar el lanzamiento. Fue la última jugada de Pondexter en la NBA.

Hasta ahora. Ha llovido desde aquel encuentro. Y Quincy Pondexter ha vivido un auténtico calvario desde entonces. Pero ahora ya ve la luz al final del túnel. Si todo va según lo previsto, el alero podrá volver a vestirse de corto y jugar al baloncesto dos años y medio después de aquel choque. Tras la eliminación de los Pelicans en los PlayOffs de 2015, Pondexter se sometió a una resonancia magnética para conocer el alcance de unas molestias que había estado teniendo en su rodilla izquierda desde hacía tiempo. Los médicos decidieron que pasara por quirófano, donde fue sometido a una artroscopia, con la posibilidad remota de que hubiera que realizar una cirugía de microfractura.

Dos años y medio después de su último partido, Quincy Pondexter podrá volver a jugar en la NBA.
Fuente: Craig Kohlruss (Fresno Bee).

Pondexter ha hablado con Chris Haynes (ESPN) sobre esa operación y todo lo que vino detrás, que no fue poco. “Se suponía que iba a ser sólo una limpieza, los médicos eran muy positivos con eso. Ellos realmente no pensaron que fuéramos a necesitar hacer la cirugía de microfractura” comenta el alero, que afirma que “todo el mundo era bastante optimista con el hecho de que podría volver a jugar al incio de la temporada“. Pero eso no sucedió.

Pasaron los meses y la recuperación de Pondexter no avanzaba. “Intenté hacer todo lo posible para jugar y notaba mi rodilla muy, muy mal. No podía ni siquiera subir escaleras ni hacer nada, por no hablar de correr, saltar o algo parecido, pero quería sacrificarlo todo por los Pelicans” cuenta el alero a ESPN.

En enero de 2016, tras consultar a otros especialistas, fue sometido a una nueva cirugía con transplante de cartílago de un donante fallecido. Se dijo entonces que estaría preparado para el comienzo de la temporada siguiente en octubre. Pero tampoco fue así. La rodilla no mejoraba y el dolor no cesaba. Incluso empeoró.No sabíamos si mi carrera se había terminado” explica Pondexter, que empezó a temer por su vida cuando “me levanté y mi rodilla estaba hinchada como una sandía“.

Estando en New York, en enero de 2017, el jugador de 29 años empezó a encontrarse mal en su habitación en un hotel: le subió la fiebre hasta los 40ºC, sentía náuseas y le costaba respirar. Fue a la farmacia y, estando en la cola, sufrió un desmayo.

Estoy a punto de morir“. Fueron las palabras de Quincy a su hermana Myisha Pondexter, según cuenta ella. El jugador le suplicó a su familia en California que fueran hasta New York para estar con él. Hasta entonces, sus familiares no tenían verdadero conocimiento del dolor que había estado soportando el alero. “Quincy estaba demostrando unos serios síntomas que requerían que actuáramos inmediatamente” revela a ESPN el Dr. Riley J. Williams.

“Estoy a punto de morir” le dijo Quincy a su hermana Myisha Pondexter.
Fuente: Noah Graham (Getty Images).

Se descubrió entonces que Pondexter tenía MRSA (Staphylococcus aureus resistente a la meticilina), una infección bacteriana cutánea que, si no se trata debidamente, puede llegar a causar la muerte. Nadie supo dónde contrajo la infección. El jugador nacido en Fresno (California) fue llevado de inmediato a quirófano, donde le curaron la infección, y permaneció un mes en el hospital recibiendo un tratamiento para sanar del todo la dolencia.

En ese momento, no se contaron detalles del estado de salud de Pondexter. “No quería que nadie sintiera pena por mí” confiesa el jugador. “Cuando estaba en el hospital, miraba en twitter y veía comentarios asquerosos diciendo ‘está robando dinero, está relajado en su casa’ y toda esta mierda. No, estoy luchando por mi vida. Estuve cerca de morir” afirma dolido. Pondexter asegura que eso le motivó y le hizo tener todavía más ganas de regresar a las canchas.

Algo que parece muy cercano. “Está preparado. Cualquier cosa que le pido que haga, él está a tope” comenta Josh Norman, uno de sus preparadores. Por fin Pondexter podrá volver a jugar al baloncesto, aunque no lo hará en New Orleans. La franquicia de Louisiana lo traspasó a los Chicago Bulls a principios de septiembre. Será su tercer equipo en la NBA, tras New Orleans (donde ha jugado en dos etapas) y los Memphis Grizzlies.

Quincy Pondexter también jugó en los Memphis Grizzlies.
Fuente: Kyle Terada (USA TODAY Sports).

A lo largo de su carrera en la NBA, Pondexter ha jugado 279 partidos, en los que ha promediado 5.3 puntos y 2.0 rebotes por noche. Él está seguro de que sus mejores días como jugador de baloncesto están todavía por llegar. Y ha luchado mucho para poder volver. “Hace unos pocos meses, estaba casi acabado. Estoy vivo, podré jugar al baloncesto otra vez. Es un milagro” cuenta el alero agradecido. Es el milagro de Quincy Pondexter.