El baloncesto universitario bajo lupa - Fuente: Sports Illustred

El mundo de la NCAA se ha parado las últimas horas. El periodista de NBC, Tom Winter, ha afirmado que cuatro entrenadores asistentes de las universidades de Auburn, Arizona, Southern California y Oklahoma State han sido cuatro de los diez detenidos en una operación llevada acabo por el FBI. Los entrenadores asistentes detenidos son Chuck Person (Auburn),  “Book Richardson” (Arizona),Tony Bland (USC) y Lamont Evans (Oklahoma State).

Las primeras informaciones, barajan que los entrenadores asistentes de dichas universidades cobraron sobornos de agentes con el objetivo de presionar a sus jugadores y conseguir que firmasen con estos, cuando diesen el salto a la mejor liga del mundo. 

La otra ramificación del caso que lleva abierto desde 2015, nos lleva a Jim Gatto, directivo de Adidad. Este hombre que ya ha sido arrestado, está acusado de pagar 100.000 dólares a un jugador de high-school (instituto) para que jugase en una universidad vestida por la famosa marca alemana. Además en este pago se incluía el hecho de que el jugador vistiese la marca en cuanto desembarcase en el baloncesto profesional.

El fiscal, Joon H. Kim se ha manifestado con claridad: “La imagen del baloncesto universitario que arroja este caso no es demasiado halagüeña. Entrenadores de algunas de las mejores universidades del país aceptando sobornos, agentes y consejeros acosando como coyotes a jugadores y grandes marcas deportivas filtrando dinero a familias de jugadores de instituto. Explotan los sueños de chicos que quieren ser jugadores y les tratan como a simples oportunidades para enriquecerse por vías fraudulentas y mediante chantajes y mordidas. Les guían hacia ciertos asesores y agentes no por los méritos de estos sino por el dinero que reciben. Y lo hacen presionando a los jugadores y a sus familias”.

El entramado subterráneo destapado por el FBI no solo afecta a jugadores, agentes y entrenadores, sino que también afecta a las propias universidades, ya que estas ofrecían becas de más de seis cifras, gracias al financiamiento de marcas deportivas, con el fin de que los jugadores que obtenían dichas becas vistiesen la marca financiadora en el momento que diesen el salto a profesionales.