Jamal Crawford saliendo del Staple Center bajo un cielo de aplausos de aficionados Clippers; 17 Mayo, 2017 | Fuente: Getty Images

“Es un jugador por el que pagarías para verlo en directo”. Este típico y sobreexplotado halago alcanza uno de sus máximos significados cuando va dirigido a la persona de Jamal Crawford. Rostro inexpresivo, tatuajes, característica marca en la cabeza. Muñeca maravillosa, pareciera que rellenan su interior cables y circuitos en lugar de sangre y órganos, dada su general impasibilidad. Pulcro en todos sus movimientos. Efectivo y letal. Tres veces seleccionado como ganador del Premio “Mejor Sexto Hombre del Año“, Jamal posee un talento sobrenatural, que le capacita para desequilibrar la balanza como escasos jugadores en el mundo pueden darse el lujo de hacer.

Capaz de recibir la bola cuatro, cinco posesiones seguidas y aprovecharlas para aumentar la ventaja en momentos críticos o dar la vuelta a un partido casi perdido con una efectividad tremenda, con una tranquilidad pasmosa, con suma elegancia en la mecánica. Aparenta hacerlo fácil, cosa que sorprende aun más teniendo en cuenta que mantiene estas facultades siendo ya un veterano de 36 primaveras. Un jugador que aporta espectáculo, que demuestra su amor al baloncesto en cada bote, cada crossover, cada tiro. Un jugador que nos gustaría que fuera eterno, mas su fin se atisba ya en el horizonte, aunque todavía algo lejano.

Crawford firmó dos años a razón de 8,9 millones de dólares con los Wolves, donde si todo va bien finalizará su carrera. Nada más aterrizar, afirmó “Creo que podemos ser uno de los mejores equipos ahí fuera. Pero tenemos trabajo por delante.” No viene a la fría ciudad de Minneapolis a retirarse. Viene a solucionar el problema de anotación de su banquillo, dispuesto a ser importante, a ayudar a los jóvenes con su progresión. Y lo más importante, si el proyecto da sus frutos, busca conseguir en unos años, los finales de su carrera, un anillo, el que se le ha resistido desde su entrada a la Liga.

Jamal Crawford sonríe para el objetivo. Es el primer jugador que consigue tres galardones a mejor sexto hombre. Fuente: Facebook/LA Clippers

Aaron Jamal Crawford nació en Seattle, el 21 de marzo de 1980, hijo de Clyde y Venora. Jugó un año en la Universidad de Michigan, donde realizó una notable campaña, promediando 16,6 puntos, 4,5 asistencias y 2,8 rebotes por partido. Al final de la temporada, se declaró elegible en el Draft del año 2000.

Ni siquiera debutó con Cleveland, equipo que lo seleccionó en la octava posición, siendo traspasado a Chicago, donde jugó los cuatro primeros años de su trayectoria. JCrossover fue de menos a más, aumentando su importancia en el juego de los Bulls y consiguiendo cada vez mejores estadísticas en más minutos de juego. El cuarto año, el último en la franquicia, fue el mejor para él, consiguiendo los mejores promedios de toda su carrera hasta hoy en rebotes, asistencias, robos y tapones, además de promediar el respetable número de 17 puntos por partido. Durante su estancia en la Ciudad del Viento, tuvo a su primer hijo, Eric. Se marchó a final de año a New York.

En general, su etapa en los Knicks fue positiva, pero con un final amargo. En las cuatro primeras campañas mantuvo su notable nivel, exceptuando una pequeña lesión en 2006 que le hizo perderse 25 partidos. En el quinto año, realizó el mejor partido de su vida, en una magna exhibición ofensiva en la que anotó 52 puntos, en una maravillosa serie de tiro de tres. Desafortunadamente, se lesionó gravemente de la rodilla pocos partidos después y solo pudo participar en 11 encuentros. Finalmente, fue traspasado a Golden State a cambio de Al Harrington.

Estas eran las estrellas de Golden State hace no mucho… Fuente: Zimbo

Compartió backcourt con Monta Ellis, por aquel entonces figura de aquellos Warriors junto con Stephen Jackson. Jamal se tomó su tiempo para recuperarse de esa maltrecha rodilla, pero volvió con mucha fuerza y promedió 20 puntos por juego, realizando otra buena campaña más, pero fue traspasado a los Hawks.

Jugó sus primeros partidos en Playoffs con Atlanta, donde contó con menos minutos pero fue una pieza relevante dentro del entramado del juego Hawk. En las dos temporadas en las que estuvo en la franquicia de Georgia superaron la primera ronda de Playoffs. No jugó ni un partido de titular en ninguna de las dos campañas, primera vez en su carrera que ocurría. En esta etapa se empezó a forjar su leyenda como sólido y consistente escolta suplente. Para corroborarlo, consiguió su primer premio de mejor sexto hombre del año en la temporada 2010/2011, debido a sus 18 puntos y 3 asistencias en 30 minutos de juego.

Tras un fugaz paso por Portland, donde firmó como agente libre, Jamal se unió a las filas de los Clippers, historia que ya tenemos más reciente. El proyecto en su conjunto ni siquiera pisó las Finales de Conferencia, debido en gran parte al infortunio con las lesiones. Pero Jamal, ya veterano en su entrada al equipo, siguió deleitándonos con su estilo callejero, con sus canastas pulcras y de aparente facilidad. En 2014 y en 2016 repitió como ganador del premio al mejor sexto hombre. Siempre fiable, se convirtió en una pieza imprescindible del equipo. Junto a Chris Paul y Blake Griffin (y más tarde, DeAndre Jordan) lideró uno de los equipos de moda en la NBA, caracterizado por un estilo de juego ofensivo y disfrutable. Promedió buenos porcentajes y una muy agradecida anotación desde el banco, además de, como siempre, marcar la diferencia en los partidos ajustados. Colaboró de manera importantísima en muchos partidos de Playoffs, asumiendo responsabilidades. Stepping up, como dirían los americanos. Finalizó su recorrido con los angelinos cayendo en primera ronda ante los Jazz, donde también decidió algún partido. Dejando atrás un proyecto que debió alcanzar objetivos más complicados, pero que se vio excesivamente lastrado por lesiones constantes en sus jugadores importantes. Nunca sabremos hasta dónde habrían llegado.

Recta final de la carrera de un jugador especial. Fuente: USA TODAY

Ahora, en el prometedor plan de los Wolves, puede estar ante su última oportunidad de conseguir el preciado anillo. Aportará, como siempre hace, como siempre ha hecho. Estará ahí cuando se compliquen las cosas, cuando Minnesota necesite de su banquillo.  En los momentos clave. Ojalá Jamal fuera eterno. Puro show.