Ray Allen durante su estancia en Seattle | Fuente: Getty Images

La NBA tiene una deuda con la ciudad de Seattle, pero solo unos pocos recuerdan porqué.

Años atrás Seattle era una de las ciudades más admiradas en el panorama baloncestístico, una ciudad que apoyaba a su equipo, que defendía unos colores, que veneraba a sus ídolos, pero a día de hoy todo eso se ha esfumado con una de las mayores puñaladas de la historia del deporte. Los aficionados más mayores vieron como su equipo de siempre moría, mientras que los aficionados más jóvenes vieron que el baloncesto es mucho más que un juego.

La perdida del equipo de Seattle se remonta exactamente a hace 11 años, a 2006, cuando los Supersonics se tenía que enfrentar a una gran remodelación de su pabellón, el Key Arena. El dueño de los Supersonics, Howard Schultz, reclamó al estado de Washington una financiación pública con el objetivo de remodelar el hogar de la franquicia durante más de treinta años. El estado de Washington no estaba dispuesto a destinar parte de la financiación pública, ya que en años anteriores se había vivido una situación un tanto parecida con los Seattle Mariners, de la MLB.

La dificultad de la situación aumentaba por momentos, la concesión del Key Arena caducaba en 2010, por lo que el tiempo corría en contra de la supervivencia de la franquicia. Ante la complicada situación Howard Schultz vende la franquicia, con la intención de que el nuevo grupo inversor esquivase la complicada situación de la franquicia. La llegada de Clay Bennett levantó la moral de la ciudad, el millonario nacido en Oklahoma, prometió que haría un gran esfuerzo para que Seattle no se quedase sin su equipo.

Nada más hacerse cargo de la franquicia por la que pasaron jugadores de la talla de Gary Payton, Shawn Kemp o Ray Allen, Clay Bennett comenzó a negociar con el estado de Washington, el “gran esfuerzo” que Clay había prometido residió en “secuestrar” a la franquicia. Su actitud en la negociación fue hasta grosera, pidiendo 500 millones de dólares para construir un nuevo pabellón, sino se le otorgaba dicha cantidad el magnate se llevaría el equipo a otra ciudad, privando a la gente de la ciudad de seguir disfrutando del equipo de su vida.

Poco tiempo atrás, mientras la ciudad de Seattle luchaba por la supervivencia de su franquicia, en el sureste de Luisania, la ciudad de New Orleans vivía días negros tras la aparición del huracán Katrina. Los Pelicans, antes conocidos como Hornets tenían que jugar lejos de su hogar, lo hacían en Oklahoma City, una ciudad que desde la primera pisada de un jugador de NBA, demostró su amor por esta disciplina deportiva, tal fue el furor que desató que el propio David Stern, el entonces comisionado de la NBA, aseguró por esos tiempos que Oklahoma City podía tener una franquicia propia.

Estas palabras lograron hacer mella en Clay Bennett, que cuando la franquicia de New Orleans ya estaba de vuelta en Luisiana, confirmó sus deseos de llevarse la ciudad a Oklahoma, todo antes de que comenzase la que a posterior fuese la última campaña de los Supersonics (2007-2008). La amenaza de Bennett permitiría a los aficionados de Seattle disfrutar hasta 2010 de su equipo, cuando vencía la concesión municipal del pabellón, pero el dueño de la franquicia encontró otra vía de escape.

Con la desaparición de los Supersonics de Seattle más cerca que nunca, el teléfono de Bennett no dejaba de sonar, llegaban llamadas de todas las partes del mundo para comprar la franquicia y así poder salvarla de un destino más que cruel, entre todas esas llamadas también estaba la del antiguo dueño, Howard Schultz. Todas estas llamadas tuvieron la misma respuesta, la franquicia no estaba en venta.

Todo cambió, Bennett había solicitado el traspaso, no esperó a que venciese la concesión del Key Arena, la NBA tenía la última palabra. En el cuarto mes de 2008 la NBA aprobó el traslado de la franquicia, cometiendo así una de las mayores traiciones de la historia, en la votación del traslado, solo dos dueños de los 30 que tenían derecho a voto, se posicionaron en contra del traslado, esos dos eran Mark Cuban (Dallas Mavericks) y Paul Allen (Portland Trail Blazers).

Los Seattle Supersonics desaparecieron, Kevin Durant mudó colores y la NBA continúa en deuda con la ciudad de Seattle.